Batalla Los Arapiles 1812

La Guerra de la Independencia fue un terrible conflicto que asoló la península Ibérica de 1808 a 1814. La batalla de Los Arapiles o de Salamanca, librada el 22 de julio de 1812, fue uno de sus episodios más destacados, ya que se saldó con la absoluta derrota del ejército francés al mando del mariscal Marmont.

La batalla de Los Arapiles privó a los franceses de las bases y los arsenales que necesitaban para llevar a cabo la invasión de Portugal, imprescindible para librarse de la constante amenaza que constitura el ejército aliado comandado por Wellington.

Además, la derrota francesa en Salamanca en 1812 marcará, junto con la desastrosa campaña de Rusia de ese mismo año, el principio del fin de la Europa napoleónica.

La batalla de Los Arapiles tuvo como consecuencias inmediatas que el rey José Bonaparte, que acudía en tardío auxilio de Marmont, se volviera a Madrid; que Soult levantara el sitio de Cádiz; que el 10 de agosto el rey intruso abandonara la capital y marchara a Valencia a donde llegó el día 31, y que los aliados entraran el 12 de agosto en Madrid, cuya guarnición capituló el 14, entregando gran cantidad de armas y municiones y ciento ochenta piezas de artillería.

Sin embargo el victorioso año de 1812 no terminó bien para los aliados ya que tuvieron que retirarse de nuevo hacia la frontera portuguesa en los alrededores de Ciudad Rodrigo. En octubre de 1812 Wellington fracasó en el asedio a Burgos, su único desastre real en esta guerra, y se produjo una retirada que algunos describen como más caótica incluso que la de Moore en 1808-1809 hacia La Coruña.

Introduccion

Antes de 1805, Napoleón había intentado unir todas las flotas europeas para arrebatar la supremacía naval a Gran Bretaña, y había encontrado en España y sus poderosos buques de guerra un valioso aliado. Sin embargo, la derrota de Trafalgar en 1805, seguida más tarde por la destrucción de la flota danesa, desbarataron todos sus planes y desarticularon su política marítima. Puesto que el poderío naval británico era casi indestructible, tuvo que tomar otras medidas para obligar a su implacable enemigo a firmar la paz. Con este fin, decretó un bloqueo continental (un boicot a las exportaciones británicas con el que Napoleón pretendía doblegar a esta "nación de tenderos" mediante presiones económicas, en vez de una confrontación militar directa).
En 1808, cuando la mayor parte de Europa mantenía el bloqueo, la única salida importante que le quedaba al emperador francés por cerrar era la Península Ibérica: a Portugal no le importaba la prohibición, y España sólo participaba en teoría y sin convencimiento.
Para imponer el bloqueo, Napoleón se vio forzado a intervenir militarmente en la Península en 1808, y contra Rusia en 1812; ambas campañas resultarían desastrosas para Francia.


Los británicos se vieron entonces empujados a intervenir en la Península dando lugar a la llamada Guerra Peninsular que los españoles llamamos de la Independencia.
   

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